Falta de sueño e inflamación cerebral

febrero 17, 2022
inflamación cerebral

La inflamación es la respuesta natural del cuerpo a las enfermedades y lesiones. Cuando contrae una infección respiratoria o se corta, su sistema inmunitario activa los glóbulos blancos, que a su vez liberan citoquinas y otras moléculas inflamatorias que atacan a los invasores y protegen los tejidos del cuerpo. Cuando esta respuesta es temporal, sirve como un mecanismo de defensa eficaz. Pero cuando la inflamación no cede, puede contribuir al desarrollo de enfermedades cardíacas, diabetes, accidentes cerebrovasculares, cáncer y enfermedad de Alzheimer.

La privación del sueño también se asocia con marcadores de inflamación, como aumentos en las moléculas inflamatorias, incluidas las citoquinas, la interleucina-6, la proteína C reactiva (un marcador de inflamación que está elevado en personas con riesgo de enfermedad cardíaca y diabetes) y otros, entre las personas que no estaban durmiendo bien. Si bien estos signos de inflamación podrían atribuirse a otros factores (estrés, tabaquismo u obesidad, por ejemplo), sugieren que la falta de sueño desempeña un papel en el proceso inflamatorio.

¿Cómo contribuye la falta de sueño a la inflamación? Una teoría se centra en los vasos sanguíneos. Durante el sueño, la presión arterial desciende y los vasos sanguíneos se relajan. Cuando se restringe el sueño, la presión arterial no disminuye como debería, lo que podría desencadenar células en las paredes de los vasos sanguíneos que activan la inflamación. La falta de sueño también podría alterar el sistema de respuesta al estrés del cuerpo.

Además, la falta de sueño interfiere con la función normal del sistema de limpieza del cerebro, denominado sistema glinfático (que no debe confundirse con el sistema linfático). En las fases más profundas del sueño, el líquido cefalorraquídeo se precipita por el cerebro y barre la proteína beta-amiloide vinculada al daño de las células cerebrales. Sin una buena noche de sueño, este proceso de limpieza de la casa es menos completo, lo que permite que la proteína se acumule y se desarrolle la inflamación. Luego, se establece un círculo vicioso. La acumulación de beta-amiloide en el lóbulo frontal del cerebro comienza a afectar el sueño de onda lenta no REM más profundo. Este daño dificulta tanto el sueño como la retención y consolidación de los recuerdos.

El problema se presenta cuando hay patrón acumulativo de pérdida de sueño, que conduce a una disminución de la integridad estructural, el tamaño y la función de regiones del cerebro como el tálamo y el hipocampo, que son especialmente vulnerable al daño durante las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer.

Extraido de https://www.health.harvard.edu/

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